lunes, 17 de enero de 2011

Invisible infección


Esa noche confirmé los comentarios que giraban alrededor de la situación. Lo que no pude es sincerarme sobre el terrible olor a pescado podrido que emanaba de ese viejo y maltrecho embudo, no sé si fue por vergüenza ajena o qué pero no pude.

Sólo lo sufrí, que no es poco, porque estuve tres días con ese olor a podrido en mi aliento, lo sentía dentro mío, en mi piel ¿Cuál era el origen de ese apestoso olor nauseabundo? En ese momento recordé las estrictas recomendaciones del afgano sobre los males a los que me exponía si visitaba el viejo túnel oscuro. Yo había hecho caso omiso a tal recomendación y pretendí ser uno de los muchos visitantes que allí había estado. En una noche rusa caí en el embudo de repente y de un cimbronazo empecé a desesperarme ¿Qué males pude haber inhalado en ese viejo embudo? ¿Existía algún medicamento para tal mal? El posible daño ¿era irreversible?

Fueron tres días de padecimiento y violenta incertidumbre hasta que al despertar del cuarto día el terrible olor desapareció, se esfumó…

Nunca pude saber del todo si finalmente me libré de ese extraño y desagradable olor. No hasta ahora…

7 comentarios:

Anónimo dijo...

mm esos olores son peligrosos Gon!!!
Donde te metiste???
Besitoo!! Cele.

Gonzalo dijo...

jaja ya estoy bien Cele, te estoy viendo, beso!

Anónimo dijo...

Ojito con esos lugares!! Lejos de ahí usted, hay muchas infecciones!!!
Beso gde!!!
Vane.

Gonzalo dijo...

ok ok me cuido nena!!

Anónimo dijo...

El embudo ese está más sucio que el del dique San Roque!! jajaja
Elio.

Anónimo dijo...

como quedo el estómagooo???
Zaza.

Locos de Razón dijo...

con nauceas