lunes, 12 de noviembre de 2007

De la década perdida a la década del mito neoliberal


Pedro Brieger

INTRODUCCIÓN

Latina tuvo una característica sobresaliente: la aplicación de las teorías neoliberales y el éxito de su discurso. No es relevante si estas reformas se inspiraron en el modelo chileno de los setenta, comenzaron en México en 1988, en la Argentina en 1989, en Perú en 1990 o un poco más tarde en otros países. Salvo Cuba, que es un caso aparte, en los noventa la ola del pensamiento neoliberal se expandió a lo largo y ancho de América Latina.

Finalizada la década es el momento de realizar un balance de los años noventa. Esto no es parte de un juego terminológico-mediático, pues la terminología utilizada y difundida por los medios de comunicación termina por impregnar el inconsciente colectivo. La pregunta que trataremos de responder en este trabajo es qué nombre resulta apropiado para una década de signo neoliberal después de que la década de los ochenta fuera popularmente conocida como la "década perdida".1 Los años ochenta se caracterizaron por el estancamiento económico, la carga agobiadora de una deuda que limitaba el acceso a los mercados financieros internacionales, una reducción del 9% del ingreso per capita entre 1980 y 1990 y la inflación que sobrepasó en algunos países el 1000%.

La hipótesis central que guía nuestras reflexiones es que los resultados de las reformas neoliberales en América Latina después de una década de aplicación no condicen con las expectativas formuladas por los teóricos-propagandizadores de estas reformas.

¿COMO LO LOGRARON?

Lo primero a destacar es que el neoliberalismo desde una posición marginal y minoritaria durante todo el siglo logró convertirse en doctrina hegemónica en los noventa. En este proceso podemos distinguir dos fases. 1) La fase de la imposición. 2) La fase del consenso. En la primera, el nuevo modelo es impuesto por la fuerza (Chile). En la segunda, la repetición constante del nuevo paradigma tomó el equivalente a la demostración aún antes de su comprobación fáctica. Con la apreciable participación de los medios masivos de difusión se fue consolidando un consenso ideológico aplastante y la conformación de lo que Ramonet define como "pensamiento único". 2

De todas maneras, es necesario señalar que no fue consecuencia directa del fracaso de los proyectos populistas o del estatismo socializante pues, es preciso recordar, la mayoría de los gobiernos "populistas" o "estatistas" de América Latina no fueron castigados por el voto popular sino que fueron derrocados por golpes de Estado.

El caso de Chile es emblemático. Los economistas liberales que rodearon a Augusto Pinochet no convencieron a los chilenos de que sus teorías eran mejores que las socialistas de Salvador Allende en un debate abierto y de 2confrontación de ideas. Para imponer su nuevo paradigma como verdad absoluta e incuestionable necesitaron de una dictadura militar que impidiera cualquier tipo de oposición y una sociedad paralizada por el miedo. Como señala el sociólogo chileno Tomás Moulián "los dispositivos de la fase terrorista aislaron con facilidad la posibilidad de efectos políticos. La oposición había sido hecha desaparecer del escenario o destruida.(...) La hegemonía por neutralización corresponde al silenciamiento que se impuso a los otros discursos y a la estigmatización con que se les restó eficacia cultural"3

El Valle de Lágrimas del Presidente Kirchner - Volteretas de la deuda argentina De albricias y estafas recurrentes - Vomitar sobre los votos o Eduardo Lorenzo "Borocotó"

Temas Que Queman

El trabajo ideológico de los pensadores que difundieron las teorías neoliberales ha sido sin dudas excelente. En pocos años lograron que sus ideas parecieran el único modelo lógico y viable. Como decía Mario Vargas LLosa, "se trata, sobre todo, de desestatizar unas mentalidades acostumbradas por la práctica de siglos". 4

El economista liberal francés Guy Sorman recorrió Latinoamérica pregonando las privatizaciones como una "utopía de cambio que, creada por filósofos y economistas liberales, se impuso en estos cuatro años en todo el mundo como una necesidad indiscutible 5

Un grupo importante de economistas –muchos de ellos conocidos como "los Chicago Boys"– apoyados por los principales organismos 4económicos internacionales y sostenidos monetariamente por empresas multinacionales, crearon fundaciones, institutos, centros de investigación y lograron una real inserción en los principales medios de comunicación que les permitió convencer de lo "moderno" de sus teorías, aunque sus postulados originales se remontaran al siglo XVIII o XIX. También lograron imponer la idea generalizada de que todo lo público es "ineficiente", que el Estado es intrínsecamente perverso, que la única manera para que las empresas de servicios funcionen es privatizándolas, que así se reducirán gastos y se eliminará la corrupción; de la necesidad de achicar el Estado, bajar el gasto público, abrir los mercados, incrementar la producción de artículos destinados a la exportación, flexibilizar y "modernizar" los mercados laborales, quebrar el poder de los sindicatos supuestamente interesados solamente en enriquecer a sus cúpulas, y reducir los gastos sociales, entre tantos otros postulados.6

La aplicación de todas estas medidas llevaría a un modelo de crecimiento donde la riqueza se "derramaría" hacia todos los estratos de la sociedad. De manera maniquea y provocativa lo presentaron como el único camino de crecimiento y desarrollo. Su no implementación implicaría el retroceso a las penumbras de la historia para no salir de ellas nunca más.

Además, y no sólo en el caso del régimen militar chileno, se impuso la idea de que el programa económico liberal era el producto de un saber absoluto de carácter científico. Como ya señalara Moulián, en 1981, en pleno proceso militar "este mito de la cientificidad se ha usado tanto para sacralizar lo dicho o lo hecho como para definir quiénes tienen el derecho de discutir la política económica".7

Los que se atrevieron a criticar fueron descalificados por ignorantes, "estatistas", de rechazar la modernización, o simplemente desconocedores de las leyes económicas.

Hay que destacar que no todo los postulados planteados por la corriente neoliberal eran falsos o un mero invento maquiavélico. Efectivamente, encontraron un terreno fértil para sus críticas –especialmente en lo que respecta al sector público– porque en la mayoría de los países latinoamericanas éste se encontraba profundamente desprestigiado por su corrupción e ineficiencia.

De hecho, hubo una especie de "chantaje" ideológico motorizado por los procesos de hiperinflación y la ayuda invalorable de comunicólogos que simplificaron y adecuaron las teorías neoliberales como único discurso alternativo creíble. Como en el discurso colonial del siglo XVIII y XIX la llegada del capital extranjero y "el progreso" pasaron a ser sinónimos.

Para implementar las profundas reformas planteadas recibieron avales muy importantes de los principales organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, cuyos funcionarios surcaron Latinoamérica llevando sus recetas bajo el brazo. Cual dogma religioso e incuestionable se le ofrecía el mismo modelo a todos los países: apertura, privatizaciones –aún de las empresas públicas rentables–, achicamiento del Estado, etc. Joseph Stiglitz, vicepresidente del Banco Mundial lo reconoce abiertamente: "Oficialmente –dice – por supuesto el FMI no "impone" nada. "Negocia" las condiciones para otorgar ayuda (...) Yo sé de un desafortunado incidente donde un equipo del FMI copió gran parte de un texto de un informe de un país y se lo ofreció a otro dejando el nombre del país original en algunas partes del texto."8

La puesta en práctica de las medidas sugeridas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial debía permitir que los "mercados emergentes" (término con connotación positiva que ha reemplazado la categoría de "subdesarrollo" con connotación negativa) accedieran al desarrollo.

En la simplificación del discurso los teóricos neoliberales presentan su modelo económico con postulados simplistas como si los países industrializados más desarrollados hubieran accedido al lugar que ocupan hoy en día combatiendo el proteccionismo y el estatismo. Sin embargo, este es otro de los mitos fabricados en los últimos años. Para su crecimiento, tanto el Reino Unido, Estados Unidos, Japón o Alemania apelaron –en menor o mayor medida– a medidas proteccionistas que contradecían abiertamente los postulados liberales y utilizaron su poderío político–militar para "competir" en el libre mercado.

¿COMO SE HACE EL BALANCE Y QUE PARÁMETROS UTILIZAR?

No es sencillo hacer el balance de una década en una región tan vasta como Latinoamérica. Lógicamente, no se puede medir con los mismos parámetros las necesidades de los indígenas ecuatorianos, las de un técnico en computación en San Pablo con estudios terciarios, o una trabajadora mexicana de una empresa de autopartes coreana en la frontera con Estados Unidos a la cual ni siquiera le está permitido sindicalizarse.9 Además, es imposible adoptar un solo criterio, entre otras razones, porque a lo largo del siglo, la mayoría de los latinoamericanos –incluso los más pobres– ha mejorado su nivel de vida.

Desde luego que para las teorías neoliberales el parámetro del balance pasa por la cantidad y calidad de las reformas aplicadas. En este sentido, consideran que la década del noventa ha sido un éxito rotundo cuyos frutos ya se trasladan al bienestar general. De allí que citen los números macroeconómicos que indican crecimiento del PBI o la cantidad de dólares que ingresaron al país, muestren éxitos tales como la estabilidad monetaria, o mejoras en el área de los servicios, y que México y la Argentina sigan siendo los ejemplos del éxito de la implementación de las reformas. El economista jefe del Banco Mundial, Guillermo Perry sostiene que "la pobreza no bajó con los ajustes de los 90, y la desigualdad creció, pero la experiencia fue exitosa: América Latina subió el ingreso per capita 1,5% anual; en los 80 bajó 2%. 1010

Según un informe de 1995 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que agrupa a las 24 naciones más desarrolladas, en 1960 Latinoamérica participaba del comercio mundial con el 9% de las exportaciones mundiales, pero en 1994 este porcentaje se había reducido al 3,6%, incrementando su marginalidad en el contexto mundial11 El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Comisión Económica para América Latina, de las Naciones Unidas (CEPAL) o el propio Banco Mundial en sus informes anuales coinciden en señalar el crecimiento de la pobreza y de la miseria extrema en Latinoamérica en la última década.

Según un informe de la CEPAL de 1996 la reactivación económica que se observa en los noventa y que registra de 1990 a 1996 una tasa de crecimiento media anual del PBI del 3% no ha logrado resarcir el estancamiento productivo de los años ochenta. En 1996 el producto por habitante fue todavía 1% inferior al que la región alcanzó en 1980.12

Más aún, como a principios de siglo, la mayoría de los países latinoamericanos sigue exportando materias primas y dependiendo de las fluctuaciones de un mercado mundial que no domina, para importar la mayoría de todo aquello que Lester Thurow señala como esencial para ser desarrollados. 13

La apertura de los mercados tiene dos facetas. Por un lado ha provocado el cierre de importantes industrias nacionales, pero por el otro, la importación de objetos de consumo logró masificar algunos de ellos a precios muy bajos. La apertura de los mercados puso ante los ojos de la población un mundo de objetos importados –desde paraguas hasta televisores– a precios más baratos que los conocidos hasta entonces. Sumado al éxito de derrotar la hiperinflación se produjo la alianza "de facto" entre los grupos más poderosos que favorecían un discurso basado en los números positivos del crecimiento económico y los sectores más postergados, que lograron acceder a bienes de consumo antes inaccesibles. Por este conjunto de factores las propuestas neoliberales en los noventa lograron consolidarse en el poder por medio del voto.

Como dice Tomás Moulián, miles de personas tuvieron la sensación de que por primera vez accedían a bienes u objetos que antes estaban restringidos a los ricos. Más que cualquier discurso, esta posibilidad de pasar de la televisión blanco y negro al color, de tener videocassetera, de acceder al teléfono, le otorgó a millones la sensación de que ellos también entraban en la modernidad. La masificación del crédito permitió el tan mentado "voto licuadora" como mecanismo de futuras compras reales y políticas. El precio de la apuesta a la continuidad de este modelo económico estuvo dado por lo que Moulián define como consumismo, esto es, "los actos de consumo que sobrepasan las posibilidades salariales del individuo y acuden al endeudamiento, apostando por tanto con el tiempo"14 pero multiplicando la disciplina y la sumisión por temor a perderlo todo.

Pero la tan mentada prosperidad fue restringiéndose. Una minoría –aunque relativamente grande en las principales capitales latinoamericanas– comenzó a disfrutar de los placeres de lugares exclusivos, los shoppings y malls, las salas de cine al estilo norteamericano, computadoras, Internet, las camionetas todo terreno, los celulares y tantos otros productos. Sin embargo, el hecho de que un segmento de la población pueda tener los mismos patrones de consumo y, en algunos casos incluso superior al de los países más desarrollados no necesariamente quiere decir que el país en cuestión ha ingresado al club del "Primer Mundo". De allí que Julio Boltvinik –profesor de El Colegio de México– se pregunte cuál es las relación entre privatización y bienestar, porque las inversiones han mejorado la calidad del servicio para aquellos que las pueden pagar sin consecuencias apreciables en el presupuesto familiar. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la población muchos de los precios de estos servicios los excluyen de este circuito. "Es decir –dice Boltvinik– se mejora el bienestar de una minoría, se excluye a la mayoría y se aumenta muchísimo la ganancia privada". 15

Consideramos que estos patrones de consumo, que no son masivos, no pueden ser el criterio principal para evaluar la realidad social de un país. De la misma manera que la tasa de crecimiento anual o el ingreso del PBI per capita tampoco reflejan al complejo conjunto del entramado social.

EN AMÉRICA LATINA LA POBREZA SIGUE SIENDO UNA VARIABLE

Uno de los debates clásicos en la sociología tiene que ver con la forma de medir el desarrollo de una sociedad. Consideramos que uno de los elementos centrales a tomar en cuenta para realizar un balance de las políticas neoliberales en América Latina tiene que ver con la pobreza en sus diversas variables metodológicas de medición.

La pobreza sigue siendo una variable de medición al momento de hacer un balance del desarrollo socio-económico y de hecho, tanto el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Cepal –cada una a su manera– la incorporan en todos sus estudios. Según José Antonio Ocampo, Secretario Ejecutivo de la CEPAL, la "década perdida" fue un período de marcado deterioro en materia de pobreza en América Latina. 16 En un informe de 1998 Ocampo señalaba que "entre 1980 y 1990 la pobreza empeoró como resultado de la crisis y las políticas de ajuste, deshaciendo la mayor parte de los progresos logrados en materia de reducción de pobreza durante los años 60 y 70 y se incrementó la desigualdad de ingresos en la mayor parte de la región."17

En el documento "Panorama social de América Latina" de la CEPAL de 199818 en 1980 el 35% de los hogares eran pobres, en 1990 eran el 41% y en 1997 se mantenía en el 36%. No hay que olvidar que la CEPAL suele medir la cantidad de hogares ya que si midiera individuos, los números serían aún mayores. A fines de los 90' y luego de implementadas las profundas reformas neoliberales la pobreza está en los niveles de 1980. La diferencia con 1980 es que –según Oscar Altimir– ahora 2/3 de los pobres y más de la mitad de los indigentes vive en áreas urbanas.19

Contradictoriamente, la CEPAL considera que la evolución de la pobreza durante la década de 1990 ha sido positiva aunque "debe ser evaluada con prudencia ya que recién se han recuperado los niveles relativos de 1980 y aún no se logra reducir el numero de pobres e indigentes que existían en 1990".20 En lo que respecta a la distribución del ingreso, entre 1990 y 1997, señala que "el conjunto de la región ha tenido un deficiente desempeño, ya que ha persistido el alto grado de concentración existente al comienzo de ese periodo."21

Tomemos nuevamente algunos casos puntuales. Chile es considerado todavía el paradigma exitoso de las reformas económicas neoliberales. De hecho, tanto el gobierno de Patricio Alwyn como el de Eduardo Frei se ocuparon de remarcar que no darían marcha atrás de las principales reformas económicas implementadas durante el régimen de Pinochet, reconociendo el éxito de muchas de ellas. Sin embargo, gran parte del "éxito" fue producto del cuidadoso marketing basado en campañas publicitarias (internas y externas) que las señalaban como ejemplo de modernización sólo equiparable a los "tigres asiáticos". El marketing del éxito económico fue un pilar de la construcción del mito del Chile Actual.22 Los datos de la CEPAL cuestionan este éxito. En 1970 la proporción de hogares pobres en Chile era del 17%. En 1987 había trepado al 39,1% para bajar al 19,7% en 1996.23 Esto es, después de 14 años (1973-1987) de neoliberalismo sin oposición en Chile la pobreza trepó del 17 al 39%.

MÉXICO COMO MODELO

Durante varios años el ex presidente Carlos Salinas de Gortari fue elogiado por todos los organismos internacionales como el mejor alumno del modelo neoliberal, hasta que cayó en desgracia. Pocos recuerdan ahora sus famosas frases del estilo "El compromiso principal es con los que menos tienen"24, o sus promesas de llegar al Primer Mundo por vía del "liberalismo social".

Julio Boltvinik, que hace 20 años estudia el fenómeno de la pobreza en México, al realizar un balance de la década es claro y contundente: "Si uno toma el modelo teórico de lo que es el neoliberalismo y después compara con lo que hizo el gobierno de Salinas y sigue haciendo el gobierno de Zedillo, son idénticos los puntos uno por uno".25

Diez años después de comenzado el modelo neoliberal el Banco Mundial coloca a México entre los 12 paises más pobres del mundo (en términos absolutos) porque el 40% de la población sobrevive con menos de dos dólares diarios, que es la mitad del salario mínimo oficial.26 La CEPAL destaca que el 75 por ciento de las personas con empleo formal reciben entre uno y dos salarios mínimos, a pesar de que el costo de la canasta básica es de tres salarios.27 A fines de los noventa en México era más grande el número de personas que se hacían pobres, que el de aquellas que nacían pobres.28

Según las conservadoras cifras de la Comisión de Desarrollo Social de la Cámara de Diputados el numero de mexicanos que viven en la extrema pobreza aumentó de 17 millones a 26 millones en los últimos 10 años.29 En la opinión de Boltvinik esa cifra es mucho mayor porque solamente entre 1994 y 1996 aumentó considerablemente el porcentaje de pobres extremos del 40% al 55% de la población. En lo global dice Boltvinik "en 1989 había 79 millones de mexicanos, de los cuales 55.9 eran pobres.30 "En 1999 –dice Boltvinik– hay cerca de 100 millones y 73 millones son pobres."31

Según estudios de varias universidades "de diciembre de 1994 a la fecha, el salario mínimo ha acumulado una pérdida de 47.2 por ciento en su poder adquisitivo, y se coloca así como el período con mayor deterioro en los últimos 18 años"32

Según un informe del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática (INEGI) del 19 de abril de 1998 "el 38,1% de los ingresos del país fue repartido entre el 10% de los hogares más ricos, mientras que el 25.5% de los ingresos quedó en manos del 60% de los hogares más pobres" una brecha mayor que en 1996.33

Mientras los téoricos del neoliberalismo y los organismos internacionales continúan elogiando el crecimiento macroeconómico de México los datos de pobreza son contundentes: sobre una población de 100 millones, 73 millones son pobres.

A pesar de los datos de pobreza los organismos financieros internacionales siguen elogiando el modelo mexicano. Durante la última visita oficial del presidente Zedillo a Estados Unidos un mes antes de las elecciones del 2 de julio de 2000 el presidente del BID, Enrique Iglesias destacó "la consolidación de la economía mexicana, que está creciendo a una tasa vigorosa, tiene una inflación abatida y está en un proceso de modernización reconocida por los mercados. A Zedillo hay que reconocerle haber llevado a cabo su compromiso social al tiempo que ponía en práctica un programa de austeridad.34

OTROS CASOS, OTROS DATOS

El caso chileno también refleja otro gran problema de América Latina: la desigualdad de ingresos. Según Atilio Borón entre 1979 y 1988 el 10% más rico de la población aumentó su proporción del ingreso nacional del 36,2% al 46,8%. Y la mitad más pobre vio reducidos sus ingresos del 20,4% al 16,8%.35 Para la socióloga Susana Torrado en la Argentina el modelo produce pobreza sin inflación. En 1983 había un 18% de argentinos que vivían debajo de la línea de pobreza. Entre 1987 y 1990 subió al 47,4%; bajó al 21,5% en 1991 y se alcanzó el 16% en 1993. A partir de 1994 –sostiene Torrado– comienza la curva ascendente con inflación nula y llega al 26% en 1998.36 En números absolutos, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas 7 millones de argentinos viven con poco más de 2 dólares por día.37 Respecto a los niveles de ocupación, Ismael Bermudez señala que en 1990 los desocupados y subocupados sumaban 18%, nueve años después treparon al 28,1%. 38

En la Argentina, un fenómeno de los años noventa es la formación de una nueva capa social muy heterogénea: los nuevos pobres; esto es, una franja importante de la clase media empobrecida. A diferencia de los pobres estructurales la pobreza de las clases medias es "invisible", hacia adentro, porque cualquier edificio de clase media puede albergarlos. Pertenecen a esta capa social los que han perdido su lugar de trabajo y no encuentran uno nuevo, dejan de salir de vacaciones, no pueden pagar más las cuotas de un colegio privado ni de la medicina prepaga, venden el coche o comienzan arreglos en su casa y los abandonan. Muchos de ellos decidieron aceptar los "retiros voluntarios" y terminaron quebrando en los nuevos emprendimientos que iniciaron. Hay quienes tuvieron un trabajo estable y una buena posición durante varios años y ahora, en la curva de la madurez, se las arreglan como cuentapropistas sin ningún tipo de beneficios sociales ni perspectivas de un futuro mejor. En la mayoría de los estudios realizados por los teóricos neoliberales este nuevo fenómeno, de los noventa, ni siquiera aparece como variable. 39

En Bolivia los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda de 1992 indican que 7 de cada 10 bolivianos viven en la pobreza. En el campo, 9 de cada 10 son pobres.40 En Nicaragua, en los últimos 7 años el número de pobres creció en un 50 por ciento.41

En Perú –según datos del Banco Mundial– tras ocho años de neoliberalismo cinco de cada diez peruanos son pobres y ganan menos de un dólar al día, tres viven en condiciones de extrema pobreza y más del 50% de las familias del país recibe alimentos. Finalizada la década de los noventa según cifras oficiales, de cada 10 personas en edad de trabajar 6 están abiertamente desempleados o subempleados y 7 de cada 10 niñas y mujeres peruanas sufren algún tipo de violencia en su entorno familiar. Diez años después de Fujimori los sociólogos han tenido que inventar una nueva categoría para calificar a los pobres extremos que ahora son definidos como "Sector E". Son los que antes pertenecían al "Sector D" –simplemente los "pobres"– y ahora viven en condiciones de extrema pobreza, comen una vez al día y no tienen servicios básicos de subsistencia.42

El caso del Brasil es diferente por dos razones centrales. En primer lugar, por la propia historia, magnitud y transformación de la sociedad brasileña ya que representa el 7% del PBI mundial43 y porque la migración campo-ciudad y la expansión de las metrópolis ha provocado la concentración urbana del 80 por ciento de la población.44 En segundo lugar, porque el Brasil ha sido uno de los últimos países latinoamericanos donde se han aplicado las reformas neoliberales con el advenimiento de Fernando Henrique Cardoso en 1994. De todas maneras, el trazo similar se puede observar en el proceso de reformas constitucionales y legislativas que permitieron las privatizaciones en sectores estratégicos como petróleo, telecomunicaciones, energía eléctrica, puertos, minas.45

El profesor de economía de la Universidad de Ottawa Michel Chossudovsky sostiene que en el Brasil 50% de la población vive debajo de la línea de pobreza.46 Pero Demetrio Magnoli, Dr. en Geografía Humana de la Universidad de Sao Paulo, asegura que "el tema en Brasil no es la pobreza absoluta sino el crecimiento de las desigualdades y la economía informal que abarca a la mayoría de la población"47

CONCLUSION: LA DECADA DEL MITO NEOLIBERAL

El mito ofrece bajo la forma de un relato mágico-religioso la explicación de un fenómeno a través de la utilización de símbolos y de esta manera unifica el pasado con el futuro. El mito está íntimamente ligado al mundo real, por eso tiene la función de tranquilizar los ánimos al afirmar la pertenencia a una realidad continua que de esta manera se legitima, porque proporciona una explicación coherente de la realidad aunque tenga una connotación religiosa dogmática. Es justamente esta connotación la que provoca que los mitos puedan resultar verdaderos para aquel que cree en ellos aunque éstos sean inverosímiles. Y como los mitos tienen una estructura clara de principio, nudo, desenlace y final, se adaptan a la concepción neoliberal simplificadora que partiendo de una ruptura con el populismo y el estatismo (principio) se llevarían adelante las privatizaciones y la reforma del Estado (nudo) para lograr el bienestar prometido (desenlace) y arribar al Primer Mundo (final). Como los mitos tienen un carácter ritual y simbólico para que la sociedad crea en ellos es necesaria su repetición ritual, la fácil asociación de ideas que inculca un sentido de rectitud, así como de inevitabilidad (las reformas eran "inevitables").

Durante la década de los noventa se construyó un mito basado en un hecho real: la estabilidad monetaria lograda luego de detener procesos hiperinflacionarios. El mito de las reformas neoliberales se basó en la repetición ritual de que estas reformas sacarían a América Latina del atraso al que la había sumido el populismo y el estatismo. En el balance, después de 10 años de neoliberalismo es posible determinar que los resultados han favorecido principalmente a una pequeña franja de la población en cada país, en mayor o menor grado según el caso. Son minorías que viven detrás de muros electrificados como en Lima o Sao Paulo, o recluidas en suburbios exclusivos custodiados por guardias armados. Según la revista Courrier International, solamente en Río de Janeiro hay más de 100 mil guardias de seguridad privados y la industria de la seguridad mueve en el Brasil, en plena recesión más de 2 mil millones de dólares por año.48

Las expectativas y promesas de entrar al Primer Mundo fueron desmesuradas y ayudaron a construir el mito. Los ministros de economía que pregonan la aplicación de las reformas neoliberales siguen afirmando que hay menos pobreza porque –en el caso argentino o brasileño– se acabó con la hiperinflación, "el peor impuesto a los pobres", como suelen repetir. En un informe entregado al presidente de México Ernesto Zedillo, la CEPAL señala de manera categórica que los resultados económicos de la última década han resultado frustrantes. Apenas se consiguió un crecimiento promedio de 3.3 por ciento anual, habitan la región 224 millones de pobres y siete de cada 10 nuevos puestos de trabajo están en la economía informal49

Para los que tienen un contacto real con los estratos sociales más desfavorecidos estos datos no son desconocidos ni ocultados por estadísticas macroeconómicas. Monseñor Casaretto, presidente de Caritas al ser consultado sobre la pobreza en la década de los noventa, fue categórico: "sin lugar a dudas aumentó".50

Por otra parte, si las desigualdades se incrementan, si en México hay 73 millones de pobres, si en la Argentina 7 millones viven con poco más de 2 dólares por día y el 39% de los latinoamericanos sobrevive con 1 dólar diario la conclusión es categórica: el modelo neoliberal ha fracasado y su éxito se debe a la construcción de un mito. Ahora, después de ver los resultados, y cuando las críticas al modelo neoliberal crecen, en los organismos internacionales se plantea que "ha llegado la hora de dar una dimensión de sensibilidad social". Este también es un mito. Un modelo que reconoce que arrastra una "deuda social" en su primera fase lo hará también en las subsiguientes. Lo reconoce Louis Emmerij –un miembro del BID– cuando dice que "la lección básica de las décadas pasadas fue olvidada; lo económico y lo social eran una sola cosa. Hay una bomba de tiempo social que late bajo los sistemas económicos aplicados".51

El BID por ejemplo, señala que en 26 países comprometidos con las reformas neoliberales, y a consecuencia de "los cambios estructurales", creció el desempleo.52 De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ocho de cada diez puestos de trabajo creados en los años noventa corresponden a ocupaciones de baja calidad en el sector informal.53

Como dice Ramón Castillo, "parece como si el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el BID, de pronto, como despertando de un profundo sueño, reconozcan que el modelo de desarrollo basado en el crecimiento de los indicadores macroeconómicos parece no estar dando los resultados esperados. Inesperadamente, parecen caer en cuenta de la necesidad de imprimirle a la economía un enfoque más humano, más solidario, y hablan de tomar en serio los valores éticos, culturales y familiares como claves olvidadas del desarrollo."54

Ahora bien, si el modelo neoliberal fracasa como proyecto económico pero no existe un intento por descifrar ese fracaso habrá logrado su mayor triunfo: el ideológico. Esto es, seguir creyendo que a pesar de su fracaso es "lo que había que hacer". Esa es justamente la construcción del mito. Por eso pensamos que la década que se cierra es "la década del mito neoliberal". Guy Sorman, en 1989 decía que "no hay que olvidar que el liberalismo favorecerá especialmente a las clases mas pobres y que, por lo tanto, hay que movilizarlas en torno a este proyecto antes de que sean recuperadas por alguna corriente de izquierda".55 Sorman planteaba esto antes de la caída del muro de Berlín, pero también como un axioma antes de que pudiera quedar demostrada en la realidad la imposición del mito.

*Sociólogo y Profesor de la Maestría en Relaciones Internacionales del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP)

pbrieger@wamani.apc.org
Trabajo presentado en el Seminario

LA GLOBALIZACION ECONOMICA-FINANCIERA Y EL IMPACTO EN LA REGION, LAS ESTRATEGIAS DE REGULACION Y LAS RESPUESTAS SOCIALES Y POLITICAS DEL MOVIMIENTO POPULAR.

-CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales)

-ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras y Ayuda a los Ciudadanos) – 20/22 junio de 2000

Irán: el enemigo perpetuo

Pedro Brieger

Desde Teherán

La República Islámica de Irán se ha convertido en una obsesión para el gobierno de los Estados Unidos. Desde que en 1979 fue derrocado el sha Mohamad Reza Pahlavi –su gran aliado regional–, por un gran movimiento de masas liderado por un religioso, el ayatolá Jomeini, la Casa Blanca ha intentado por todos los medios terminar con el régimen iraní. Buscó generales que realizaran un golpe de Estado, apoyó grupos de oposición para que organizaran atentados terroristas e incluso envió tropas. Todo fue en vano; en Teherán sigue habiendo un régimen que se define como islámico.


En lo que sí ha tenido éxito es en demonizar a toda una sociedad. Para el imaginario del mundo “civilizado”, Irán es un país gobernado por fanáticos musulmanes que han impuesto un régimen teócratico-medieval con millones de personas dispuestas a lanzarse a una “guerra santa” para aniquilar todo signo de progreso occidental, donde las mujeres viven en condiciones de semiesclavitud como en el medioevo. Pero esta imagen creada por las grandes cadenas de noticias está muy alejada de la realidad.


La nueva ofensiva


En los últimos tiempos, Estados Unidos ha encontrado dos nuevos motivos para fustigar al régimen y tratar de aislarlo aún más. Por un lado, lo acusa de querer entrar al selecto club de los países poseedores de tecnología nuclear, lo que significa que podría fabricar bombas atómicas.



El gobierno de Teherán insiste en que está desarrollando sus investigaciones con fines pacíficos, aunque el límite entre las investigaciones pacíficas y bélicas siempre parece difícil de determinar. La cuestión es política, aquellos países que poseen capacidad nuclear pueden relacionarse con la primera potencia mundial desde un lugar de fuerza.



Hasta el día de hoy hay analistas que sostienen que, justamente, una de las razones por las cuales Estados Unidos pudo invadir Irak es porque el Pentágono tenía la plena seguridad de que Saddam Hussein no poseía ningún tipo de arma nuclear (como lo venía sosteniendo la Agencia Internacional de Energía Atómica) y que le era imposible hacer frente a la poderosa maquinaria militar norteamericana.


La elección en junio del ex alcalde de Teherán, Majmud Ajmadineyad, como nuevo presidente, fue otro motivo para erizar a la Casa Blanca. A pesar de que las elecciones en Irán tienen limitaciones reales, como que las mujeres no pueden presentarse como candidatas al máximo cargo, no cabe la menor duda de que son mucho más democráticas que las que se realizan en la mayoría de los países árabes aliados incondicionales de Washington (como Egipto, Arabia Saudí o Kuwait) donde ni siquiera existe la posibilidad de presentar candidaturas alternativas.



Las voces que llamaban a boicotear las elecciones fueron las de los exiliados iraníes vinculados con el Departamento de Estado, que intentaron quitarle legitimidad a la contienda siguiendo la línea de George Bush, que las calificó de “antidemocráticas”.


En la primera vuelta hubo siete candidatos y ninguno alcanzó el 50 por ciento de los votos. En la segunda vuelta, Ajmadineyad venció al ex presidente Alí Akbar Rafsanjani causando una verdadera sorpresa dentro y fuera de Irán. Este doctor en ingeniería fue alcalde de Teherán, pertenece a una nueva generación de políticos y con sus 49 años es el primer presidente que no proviene de las filas religiosas.



Su discurso durante la campaña electoral se basó en la honestidad, la sencillez y los gestos simbólicos, como mostrar que se puede ser un político y continuar viviendo en una modesta casa. Por el contrario, Rafsanjani es considerado uno de los hombres más ricos del país y su hijo ha sido acusado de negocios turbios en la Compañía Nacional de Petróleo.


De todas maneras, la agresividad de Washington contra Irán no depende de quién gobierne, y ni siquiera se apaciguó durante la presidencia de Mohamed Jatami (1997-2005), considerado un “reformista”, que llamó a un diálogo abierto con Occidente. Scott Ritter, el militar estadounidense que fue inspector de Naciones Unidas en Irak entre 1991 y 1998, asegura que Estados Unidos ya ha comenzado la guerra contra Irán, con aviones que sobrevuelan su espacio aéreo violando su soberanía.



Bush también colocó a Irán en el ya famoso “eje del mal” y financia un grupo de oposición –antes apoyado por Saddam Hussein–, el Muyahidín Khalq, para que realice atentados en suelo iraní. Entretanto, Bush ha comenzado a hablar de “liberación” y “democracia” –igual que en Irak–, dos palabras clave para pensar en el panorama futuro.






El primer impacto al llegar a Irán es visual. En el aeropuerto, las encargadas de sellar el pasaporte son unas mujeres que usan una pieza única tradicional negra –conocida como chador– que les cubre todo el cuerpo.



Pero quien espere encontrar soldados armados hasta los dientes en cada esquina y barbudos de mirada furtiva con turbantes y túnicas largas montados en asnos, se llevará una desilusión.



Más aún, en la mismísima “República Islámica” de Irán desconcierta ver pocas mezquitas y casi ni se escucha el atronador llamado del muecín convocando a los fieles a rezar, algo tan habitual en todos los países islámicos, incluso los más laicos. A pesar de los discursos grandilocuentes de sus líderes y la demonización norteamericana, Irán no está en pie de guerra.



La capital, Teherán, es una gigantesca y moderna ciudad de más de 11 millones de habitantes construida entre montañas y surcada por decenas de autopistas con autos japoneses y europeos de última generación. Como toda capital, la influencia de los medios de comunicación y las pautas de consumo occidental se sienten más.



A la vera de los caminos hay carteles con publicidad de la más variada, y los celulares no paran de sonar. Lo que diferencia a Teherán de otras ciudades es que en muchas paredes laterales de edificios de diez o doce pisos hay gigantescos murales políticos con consignas contra Estados Unidos y de apoyo a la lucha palestina.



La mayoría de los murales son imágenes de los mártires de la guerra Irán-Irak que se desarrolló durante 8 años y que dejó decenas de miles de muertos. En Irán nadie olvida que Saddam Hussein fue apoyado por las principales potencias occidentales que en 1980 querían destruir la naciente revolución.



Tampoco olvidan que cuando los iraníes decían que los iraquíes estaban usando armas químicas en su contra, el mundo no solo miró para otro lado sino que siguió armando al que más tarde, en los 90, la cadena Fox denominaría el “carnicero de Bagdad”.


Teherán está dividida en dos partes. El norte se adentra en las montañas y las calles tienen mucha sombra por efecto de los miles de árboles plantados para mitigar el calor seco que en el verano llega a los 40 grados. En esta zona el “Sha” Mohamad Reza Pahlavi construyó sus imponentes palacios, convertidos en museos después de la revolución de 1979 para que nadie olvide el lujo desmesurado que dejó casi intacto al huir despavorido. Al recorrer los gigantescos salones, es imposible no compararlo con los dictadores latinoamericanos, aunque tenía un gusto más refinado.



Las alfombras más caras del mundo todavía lucen como en sus mejores épocas, igual que los sillones estilo Luis XV, las escaleras de mármol, los platos de porcelana y el mejor cristal checo. No se andaba con chiquitas. Las fotos de varios presidentes estadounidenses, algunos europeos, e incluso Mao Tsé Tung, todavía adornan las paredes como mudo testimonio de quiénes eran sus amigos y aliados.



Uno de los lugares preferidos era un inmenso parque en lo alto de la montaña que permite ver gran parte de la ciudad y que era su lugar privado de caza, adonde invitaba a sus importantes anfitriones.



Ahora es un parque público al cual miles de familias van los viernes a pasear; los viernes, porque es el día de descanso en el calendario musulmán y en Irán sábado y domingo se trabaja normalmente.


En la parte norte están los principales parques públicos, los shoppings y los negocios de ropa europea que se pueblan a la tardecita, cuando los iraníes salen a las calles a consumir, como en cualquier gran ciudad. Cuando cae el sol, miles de familias aparecen en los parques con garrafas y cestos de comida para compartir la cena hasta bien entrada la madrugada, una vieja tradición iraní que ni siquiera las guerras y la televisión lograron cambiar.



En una de las plazas nace el boulevard Vali Asr (antes Pahlavi) bordeado por frondosos árboles y acequias con exclusivas confiterías que ofrecen desde frutas secas hasta el helado de azafrán y pistacho, el más tradicional de este país. El boulevard es el mejor camino para llegar a la parte sur de Teherán, una gigantesca y árida meseta donde están los edificios gubernamentales.



Hay cuatro líneas de subte y miles de motos que por unos riales llevan a sus pasajeros cual taxi de primera categoría; eso sí, sin casco.


En la parte sur también se encuentra el famoso Bazar que no es un “suk” (mercado) tradicional al estilo árabe como en Jerusalén, El Cairo o Casablanca, donde uno puede encontrar un vendedor de platos y al lado alguien que vende especias y cada uno hace su negocio. El Bazar iraní fue siempre un poderoso instrumento económico y político que todo gobierno tiene que tomar en cuenta; quien tiene al Bazar en contra, tiene los días contados, como le sucedió al Sha antes de ser derrocado.



El Bazar es una ciudad cubierta dentro de otra ciudad, pero es tan grande que se extiende por fuera de unas murallas imaginarias formadas por negocios de todo tipo. Son calles y calles divididas en zonas según lo que venden: cientos de vendedores de alfombras por un lado, joyeros por el otro, y las industrias textiles y alimenticias separadas en áreas.



Están organizados y forman un lobby capaz de imponer la reducción de impuestos y derribar gobiernos. Más al sur, detrás de los barrios humildes, está el gran mausoleo que contiene los restos de Jomeini, convertido en un lugar de peregrinación para los shiítas de todo el mundo.



El cuerpo y las mujeres


El mundo islámico está compuesto por más de 50 países con legislaciones muy diversas respecto del lugar de la mujer en la sociedad. Un caso extremo fue Afganistán mientras estuvo gobernado por los talibanes, donde obligaban a las mujeres a cubrirse totalmente, les negaban el acceso a la educación y les prohibían cualquier tipo de actividad política o pública. No tan lejos de allí, en Pakistán, Benazir Butto fue dos veces primera ministra.



En Irán, el tema de la vestimenta de las mujeres siempre ha sido controvertido. Mientras el Sha quiso “occidentalizar” su país y prohibió el uso de la vestimenta tradicional identificada con la religión; desde la revolución de 1979 las mujeres deben cubrir su cuerpo en cualquier escenario público con un pañuelo que denominan rusari –y que les debe cubrir el cabello– y una especie de guardapolvo llamado manteau, una palabra francesa que significa tapado.



Si bien en todos los países islámicos hay muchas mujeres que usan parte de esta vestimenta, en Irán –por ley– lo deben usar todas, incluso las extranjeras, y esto llama mucho la atención. En los 80 y los 90 las infractoras eran penadas, como la profesora Azar Nafisi de la Universidad de Teherán, que se negó a utilizar el rusari y fue expulsada de la institución. Hoy muchas mujeres, especialmente las más jóvenes, buscan maneras elegantes de evadir las restricciones.



No dejan de portar el rusari, pero ya no esconden sus cabellos teñidos, que asoman por delante y detrás de un pañuelo multicolor que reemplaza al negro tradicional.



Tampoco cubren todo su cuerpo, y los manteaux se han convertido en cortísimos y ajustados guardapolvos que se usan sobre un moderno jean. ¿Continuarían usando las mujeres el rusari y el manteau si pudieran elegir libremente? Las respuestas difieren. Algunos dicen que el 90 por ciento dejaría de usarlo; otros, que es una tradición y que nada cambiaría mucho.


La contracara de estas imposiciones es la actividad pública de las mujeres. No solamente trabajan en casi todos los rubros; en pocos lugares del mundo se ven tantas mujeres conduciendo autos.


La sociedad iraní es profundamente contradictoria y parece desgarrada entre el atractivo del modo de vida occidental con sus pautas de consumo, las normas de una religión que se aferra a una historia heredada, y el nacionalismo de quienes muy orgullosos dicen que son persas. Tal vez la historia de las gaseosas sirva como ejemplo.



Para competir con Coca Cola los iraníes diseñaron la “Zam zam cola”, tomando el nombre de un pozo de agua situado en La Meca, donde nació el profeta Mahoma. Pero en los grandes supermercados lo que abunda son las colas occidentales que prometen “indian fire” porque están hechas en base al agua que proviene de la montaña de Damavand, al norte de Teherán, que se puede ver solo cuando el profuso smog se disipa y que los iraníes miran con orgullo.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

ROCK: SI ES VIEJO, ES NUEVO!


Por GONY

Desde comienzos del nuevo siglo el rock parece estar mirando al pasado otra vez. Es así que cuando el rock parecía estar acabado, sin rumbo se las ha ingeniado (una vez mas) para volver a ser moda. También hay un aire ochentoso que sobrevuela en muchas de las bandas nuevas.
Para comprender el momento actual del rock, lo más justo es hacer una retrospección hacia el comienzo de este movimiento cultural.
Hace aproximadamente 50 años que el rock es la música de la juventud y hace casi la misma cantidad de años que existe el termino “cultura juvenil” asociado desde sus comienzos a la palabra mercado. Se podría decir entonces que para ser música joven el rock esta bastante viejo, sin embargo se las ha ingeniado para asimilar otras músicas y de esta manera mantenerse en forma, incluso hasta podríamos decir que el rock anexa estilos musicales para poder sobrevivir, y cuando esto tampoco alcanza y todo parece desdibujarse el rock pega una vuelta al pasado, a sus raíces y a la autenticidad, Verdaderamente una formula perfecta para la autoconsevacion. Desde que los Beatles impusieron el modelo de banda que toca sus instrumentos, compone sus propias canciones y las canta, el rock dejo de lado el modelo del músico profesional compositor por encargo, para ensalzar el grupo de amigos que se junta en un garaje por el solo gusto de tocar una guitarra y hacer música por placer.
Cada vez que el rock parecía perder el rumbo miraba al pasado, buscando volver a la autenticidad.
Así desde el movimiento contracultural de los `60 que se rebelan contra Elvis Preley y las sinfonías adolescentes del momento, el punk en la década siguiente q retoma la rebeldía de los `50, que decían se había perdido por las pretensiones del rock sinfónico, y la música pensada para la naciente FM, combatiendo también a la música disco. A la vez, en los años noventa, el rock alternativo quiso terminar con la era de bandas protometaleras súper producidas.
Todo esto por supuesto es muy esquemático, en el medio hubo muchos entrecruzamientos, mucha buena música, tanto de parte de los rebeldes como de los conservadores, y una cantidad de artistas que no hicieron ningún caso a las tendencias dominantes. Y también surgieron otras músicas como el hip hop y la música electrónica que por primera vez le disputaron al rock el cetro de música joven.
Pero cada uno de estos movimientos de vuelta a las raíces aportaba algo nuevo, era una nueva mirada sobre ciertas tradiciones que partían de allí hacia algo diferente.
A partir del nuevo siglo, sin embargo, cada vez que el rock ha parecido perder pie, ha reciclado aquellos movimientos sin aparentemente aportar nada nuevo. Ya no se trata de ser autentico sino de recrear lo más fielmente posible aquella autenticidad.
De los Beatles al garaje. Un primer antecedente de este rescate mainstream de lo viejo puede situarse a mediados de los años noventa en Inglaterra, cuando la música electrónica parecía adueñarse del siempre buscado rotulo de lo nuevo. A fines de los ochenta los discjockeys comenzaron a añadir a la música que combinaban con dos tocadiscos palabras habladas rítmicamente improvisadas en el momento. A partir de allí nace toda una nueva manera de vivir el hecho musical, influenciando ampliamente el arte y la cultura popular. En Estados Unidos, al igual que el rock en sus inicios, los códigos y nuevos paradigmas artísticos que traen consigo el nuevo estilo fueron vistos con desconfianza y temor, y esta vez también por los roqueros. En Europa el hip hop se metía en las pistas de baile y amplia toda una subcultura que había nacido en Estados Unidos y que fue abrazada por una parte muy grande de jóvenes de todo el mundo. Sin embargo, otros jóvenes vieron a la llamada música house como una amenaza al mundo de las melodías y las guitarras eléctricas. Bandas como Oasis, que muy pronto se hicieron masivas, se convirtieron en las supuestas salvadoras del viejo rock. Nacía así el llamado brit pop, un rescate del pop rock de los años sesenta, el de los Beatles, Kinks, Who y Rolling Stones, hecho por jóvenes veinteañeros de fines del siglo xx. Si el talento para crear buenas melodías de Oasis es innegable, sus deudas con el modelo original son igual de evidentes.
Años más tarde, apenas entrado el siglo xxi, cuando reinaba el pop adolescente de Bakckstreet Boys y Britney Spears, una banda de Nueva York comenzaba hacerse oír
Traía consigo la vieja autenticidad de la banda de amigos con gustos musicales comunes, un sonido crudo y desprolijo y muy buenas canciones y melodías. La banda se llamaba The Strokes y en ella era fácil ver las influencias del movimiento que habïa surgido en esa ciudad a mediados de los años setenta, liderado por grupos como Television, Talking Heads o Blondie y sus antecedentes de la década anterior: Iggy Pop y su banda the Stooges y el grupo The Velvet Underground. La prensa descubre entonces el retro rock, y bandas muy diferentes entre si como White Stripes, The Hives o The Vines, que en su mayorïa venïan de antes, pasaron a los primeros planos de atención.
Es un hecho que a fines de los años ’90 el rock no pasaba por su mejor momento, especialmente en Estados Unidos, el movimiento grunge prácticamente había desaparecido, y la industria de la música a través de grandes cadenas de tv como MTV insistían hasta el hartazgo con las bandas americanas del denominado new metal. Esto duró poco y las ventas empezaron a caer. Cuando no habia nada que reflotar la industria posó sus ojos en estas bandas de garaje que siempre habían estado ahí, como esperando el momento de dar el zarpazo.
Tal vez Los Strokes estaban en el lugar y el momento justo para revalorizar el movimiento roquero pre punk de los años setenta y de paso abrir el grifo de lo retro en el rock. Pero sucede que lo retro no se presenta hoy como algo nostálgico o como una revalorización de un estilo dejado de lado, sino como el presente y el futuro del rock. Como la música joven, aunque copie el sonido y la pose de 30 años atrás. Y esta nueva/vieja música es la banda sonora de tendencias que se ven en el diseño y la moda.
La primera camada de bandas retro que se hicieron populares a comienzos de esta década recreaban música de los años sesenta y setenta: The Strokes, como se dijo, influenciada por Velvet Underground y Television; White Stripes con una influencia blusera y de bandas de garaje rock como MC5 y The Cramps; The Hives con influencias del primer punk y del garaje rock de los sesenta. Recientemente en lo que llamariamos la segunda camada de retro rock, se revaloriza el sonido y las melodias de los ochenta, Franz Ferdinand, The Killers, The Bravery y otras bandas, lo que habla de una especie de extraña evolución cronológica del retro rock.
Todas las bandas nombradas aqui son interesantes, hacen muy buenas canciones y son excelentes en su estilo. El problema es que la mayoría parece transitar por un callejón sin salida, recreando músicas que fueron transgresoras y modernas en su momento, pero que obviamente ya no lo son.
Esta es la clave para poder desentrañar el posible desarrollo del rock. Por un lado se podría afirmar que con este panorama el rock esta acabado, todo lo que no evoluciona muere. Pero en arte muerte no equivale a desaparición.

jueves, 20 de septiembre de 2007

¿Han reescrito Michael Hardt y Antonio Negri el Manifiesto Comunista para el Siglo XXI?

Por Slavoj Žižek | 2001
Capitalismo no es sólo una época histórica entre otras. En cierto modo, el alguna vez de moda y ahora medio olvidado Francis Fukuyama tenía razón: el capital global es "el fin de la historia." Un cierto exceso que era mantenido bajo control en la historia anterior, percibido como una perversión localizable, como un exceso, una desviación, es en el capitalismo elevado al principio mismo de la vida social, en el movimiento especulativo del dinero que engendra más dinero, de un sistema que sólo puede sobrevivir revolucionando constantemente su propia condición, es decir, en que la cosa sólo puede sobrevivir como su propio exceso, excediendo constantemente sus propios constreñimientos "normales." Y, quizás es sólo hoy, en el capitalismo global en su forma "posindustrial", digitalizada que, para ponerlo en las términos hegelianos, realmente el capitalismo existente está alcanzando el nivel de su noción:
quizás, uno debe seguir de nuevo el viejo lema antievolucionista de Marx (a propósito, tomado literalmente de Hegel) de que la anatomía de hombre proporciona la clave de la anatomía del mono - esto es que, para desplegar la estructura nocional inherente de una formación social, uno debe empezar con su más desarrollada forma.

Marx localizó el elemental antagonismo capitalista en la oposición entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio: en el capitalismo, se comprenden totalmente los potenciales de esta oposición, el dominio del valor-de-cambio adquiere autonomía, se transfiere en el espectro de la auto-propulsión del capital especulativo que sólo necesita las capacidades productivas y las necesidades de las personas reales como su encarnación temporal dispensable. Marx derivó la misma noción de crisis económica en este hueco: una crisis ocurre cuando la realidad se alcanza con lo ilusorio, el espejismo auto-generador del dinero que engendra más dinero - esta locura especulativa no puede seguir indefinidamente; tiene que explotar siempre en crisis cada vez más fuertes. La última raíz de la crisis es para él, el hueco entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio: la lógica del valor-de-cambio sigue su propio camino, su propio baile enfadado, independiente de las necesidades reales de las personas reales. Puede parecer que este análisis es más real hoy, cuando la tensión entre el universo real y lo real está alcanzando proporciones casi palpablemente insufribles: por un lado, nosotros estamos locos, especulaciones solipsistas sobre los futuros, fusiones, y así sucesivamente, que siguen su propia lógica inherente; por otro lado, la realidad está alcanzándome la forma de catástrofes ecológicas, pobreza, enfermedades en el Tercer Mundo, el derrumbamiento de vida social, la enfermedad de las vacas locas.

Esta es la razón por la que los cyber-capitalistas pueden aparecer hoy como los capitalistas paradigmáticos; esta es la razón por la qué Bill Gates puede soñar el ciberespacio como aquello que mantiene el marco de lo que él llama "capitalismo sin fricciones." Lo qué nosotros tenemos aquí es un corto circuito ideológico entre las dos versiones del hueco entre la realidad y la virtualidad: el hueco entre la producción real y el dominio virtual, espectral del Capital, y el hueco entre la realidad de la experiencia y la realidad virtual del ciberespacio. Parece efectivamente que el hueco entre el yo de la pantalla fascinante y la carne miserable que soy "yo" fuera de-pantalla se traduce en la experiencia inmediata como el hueco entre lo Real de la circulación especulativa del capital y la realidad pardusca de masas empobrecidas. Sin embargo, ¿esta es (este recurso a "realidad" que quiere más pronto o después alcanzar el juego virtual) realmente la única manera operacional de una crítica del capitalismo? ¿Y si el problema del capitalismo no es este solipsistico baile enloquecido sino precisamente lo contrario: que continúa repudiando su hueco con la "realidad", qué se presenta como sirviendo a las necesidades reales de las personas reales? La originalidad de Marx es que el jugó con ambas tarjetas simultáneamente: el origen de las crisis capitalistas es el hueco entre el valor-de-uso y el valor-de-cambio, y el capitalismo reprime el libre despliegue de la productividad.

Lo qué todo esto significa es que la tarea más urgente del análisis económico de hoy es, de nuevo, repetir la crítica de Marx de la economía política, sin caer en la tentación de la ideología de las sociedades "posindustriales." Es mi hipótesis que la clave del cambio concierne al estado de la propiedad privada: el último elemento de poder y mando no es ningún más amplio último eslabón en la cadena de las inversiones, las empresas o los individuos que "realmente poseen" los medios de producción. En el capitalista ideal de hoy funciona de una manera totalmente diferente: invirtiendo el dinero prestado, no "poseyendo realmente" nada - incluso es deudor, pero, no obstante, controlando las cosas. Una corporación es poseída por otra corporación, que está pidiendo dinero prestado a los bancos, los cuales pueden últimamente manipular el dinero depositado de las personas ordinarias como nosotros. Con Bill Gates, la "propiedad privada de los medios de producción" se vuelve sin sentido, por lo menos en el significado estándar de la palabra. La paradoja de esta virtualización del capitalismo es finalmente igual a aquello que pasa con el electrón en la física de las partículas elementales. La masa de cada elemento en nuestra realidad está compuesta de su masa en reposo más el sobrante proporcionado por la aceleración de su movimiento; sin embargo, la masa de un electrón en reposo es cero, su masa consiste sólo en el sobrante generado por la aceleración de su movimiento, como si nosotros estuviéramos tratando con una nada que sólo adquiere alguna substancia engañosa hilándose mágicamente con un exceso de sí mismo. ¿No funciona el capitalismo virtual de hoy de una manera homóloga: su "valor neto" es cero, él opera directamente sólo con el sobrante que pide prestado del futuro?

Esto, exactamente, es lo que Michael Hardt y Antonio Negri están intentando hacer en su Imperio (2000), un libro que se pone como meta escribir el Manifiesto Comunista para el siglo XXI. Hardt y Negri describen la globalización como una "deterritorialización" ambigua: la victoria del capitalismos global empuja cada poro de nuestras vidas sociales a la más íntima de las esferas, e instala en un presente siempre dinámico, qué ya no está basado en jerárquicas patriarcales u otras estructuras de dominación. En cambio, causa identidades híbridas. Por otro lado, esta corrosión fundamental de todas las conexiones sociales importantes libera al genio de la botella: libera las fuerzas potencialmente centrífugas que el sistema capitalista no es capaz de controlar. Es exactamente porque triunfo el capitalismo global que el sistema capitalista es más vulnerable que nunca. La vieja formula de Marx aún es válida: el capitalismo cava su propia tumba. Hardt y Negri describen este proceso como la transición del Estado-nación Imperio global, una entidad transnacional comparable a la Roma antigua en que las masas híbridas de identidades esparcidas se desarrollaron. Hardt y Negri merecen un elogio por iluminarnos sobre la naturaleza contradictoria del "turbocapitalismo" de hoy e intentar identificar el potencial revolucionario de su dinámica. Este esfuerzo heroico se pone en sí mismo contra la visión estándar de aquéllos en la izquierda que se esfuerzan por limitar los poderes destructivos de la globalización y rescatar (lo que de la izquierda se puede rescatar) el Estado de bienestar. Esta visión izquierdista estándar se imbuye de una desconfianza profundamente conservadora de la dinámica de la globalización y la digitalización, lo cuál es contrario a la confianza marxista en el poder del progreso.

No obstante, uno inmediatamente intuye los límites del análisis de Hardt y Negri. En su análisis social-económico, la falta de visión concreta es disimulada por la jerga deleuziana de multitud, deterritorialización, etc. No es ninguna sorpresa que las tres "propuestas prácticas" con las que el libro finaliza aparezcan de modo anticlimaticos. Los autores proponen enfocar nuestra lucha política en tres derechos globales: los derechos a la ciudadanía global, un ingreso mínimo, y la re-apropriación de los nuevos medios de producción (es decir el acceso a y el control sobre educación, información y comunicación). Es una paradoja que Hardt y Negri, los poetas de la movilidad, la variedad, la hibridación, y así sucesivamente, formulen tres demandas en la terminología de los derechos humanos universales. El problema con estas demandas es que ellos fluctúan entre el vacío formal y la radicalización imposible. Permítasenos tomar el derecho a la ciudadanía global: teóricamente, este derecho debe aprobarse, por supuesto. Sin embargo, si esta demanda significa ser tomada seriamente como una declaración formal típica de las Naciones Unidas, entonces significaría la abolición de las fronteras estatales; bajo las condiciones del presente, semejante paso activaría una invasión de la mano de obra barata de la India, China y Africa en los Estados Unidos y Europa Occidental, qué produciría una revuelta populista contra inmigrante - un resultado de tales proporciones violentas que harían parecer a figuras como Haider en modelos de tolerancia multicultural. Lo mismo es válido con respecto a las otras dos demandas: por ejemplo, el derecho universal (mundial) a un ingreso mínimo-por supuesto, ¿por qué no? Pero, ¿cómo debe uno crear las condiciones socio-económicas e ideológicas para que estalle semejante transformación?

Esta crítica no sólo apunta a detalles empíricos secundarios. El problema principal con Imperio es que el libro se queda corto en su análisis fundamental de cómo (si en todo) el presente proceso global, socio-económico creará el espacio necesario para tales medidas radicales: ellos no repiten, en las condiciones de hoy, la línea argumentativa de Marx de que la perspectiva de la revolución proletaria surgira fuera de los antagonismos inherentes al modo de producción capitalista. En este aspecto, Imperio sigue siendo un libro del pre-marxista. Sin embargo, quizás la solución es que no es suficiente retornar a Marx, y repetir los análisis de Marx, sino que nosotros debemos y necesitamos retornar a Lenin.

La primera reacción pública a la idea de reactualizar a Lenin es, por supuesto, un estallido de risa sarcástica: ¡Marx esta bien, incluso en Wall Street hay personas que hoy lo aman - el Marx poeta de los artículos que proporcionaron descripciones perfectas de la dinámica capitalista, el Marx de los Estudios Culturales que retrataron la alienación y la reificación de nuestras vidas diarias -, pero Lenin, no, usted no puede ser serio! ¿El movimiento de la clase obrera, el Partido Revolucionario, y los zombie-conceptos similares? ¿No representa precisamente Lenin el fracaso de poner en la práctica al marxismo, porque creo una gran catástrofe que dejó su marca en toda la política mundial del siglo XX, por el experimento del Socialismo Real que culminó en una dictadura económicamente ineficaz? Así que, en la política académica contemporánea, la idea de tratar con Lenin va acompañada de dos requisitos: sí, por que no, vivimos en una democracia liberal, hay libertad de pensamiento... sin embargo, uno debe tratar a Lenin "de una manera objetiva, crítica y científica", no en una actitud de idolatría nostálgica, y, además, desde la perspectiva firmemente arraigada en el orden político democrático, dentro del horizonte de los derechos humanos - en eso reside la dolorosa lección aprendida a través de la experiencia de los totalitarismos del siglo XX.

¿Qué decimos nosotros ante esto? De nuevo, el problema reside en los requisitos implícitos que pueden discernirse fácilmente por el "análisis concreto de la situación concreta", como el propio Lenin lo habría formulado. La "fidelidad al consenso democrático" significa la aceptación del presente consenso liberal-parlamentario, que evita cualquier cuestionamiento serio del orden liberal-democrático, de cómo éste es cómplice de los fenómenos que oficialmente condena, y, claro, evita cualquier esfuerzo serio por imaginar una sociedad cuyo orden socio-político sea diferente. Para abreviar, significa: diga y escriba cualquier cosa que usted quiera - con la condición de que lo que usted haga no cuestione eficazmente o perturbe el consenso político predominante. Así que todo se permite, incluso se piden temas críticos: las perspectivas de una catástrofe ecológica global, las violaciones a los derechos humanos, el sexismo, la homofobia, el antifeminismo, la violencia creciente no sólo en lejanísimos países, sino también en nuestras megalópolis, la separación entre el Primer y el Tercer Mundo, entre ricos y pobres, el impacto de la digitalización que estalla en nuestras vidas diarias... hoy no hay nada más fácil que obtener fondos internacionales, corporativos o de Estados, para una investigación multidisciplinaria de cómo luchar contra las nuevas formas de la violencia étnica, religiosa o sexista. El problema es que todo esto ocurre contra el fondo de un Denkverbot fundamental, una prohibición-para-pensar. La hegemonía liberal-democrática de hoy se sostiene por un tipo de Denkverbot no escrito similar al Berufsverbot infame en la Alemania de los últimos 60s – en el momento en que uno muestra una mínima señal de comprometer un proyecto político que apunte a desafiar el orden existente en serio, la respuesta es inmediatamente: "es bondadoso, ¡pero esto necesariamente acabará en un nuevo Gulag!"

Y es exactamente esta misma cosa lo que la demanda por la "objetividad científica" significa: en el momento en que uno cuestiona seriamente el acuerdo general liberal existente, uno es acusado de abandonar la objetividad científica por posiciones ideológicas anticuadas. En cuanto a nosotros aquí, ninguno de nosotros está envuelto en ninguna actividad inconstitucional. Probablemente todos saben del sarcasmo de De Quincey sobre el "simple asesinato": cuántas personas empezaron con un simple asesinato que a ese punto, no parecía para ellos en nada especial, y ¡terminaron comportándose mal en la mesa! A lo largo de las mismas líneas, no nos gustaría ciertamente seguir en los pasos de aquéllos que empezaron con un par de palizas inocentes a la policía y cócteles Molotov que, en ese momento, aparecía para ellos como algo que no tenía nada especial, y terminaron como ministros alemanes en el extranjero. Hay, sin embargo, un punto en el que nosotros no podemos conceder nada: hoy, la actual libertad real de pensamiento tendría que significar la libertad de cuestionar el predominante consenso liberal-democrático "pos-ideológico" - o no significa nada.

Aunque la mayoría de nosotros probablemente no está de acuerdo con Jürgen Habermas, nosotros vivimos en una era que podría designarse con uno de sus términos neue Undurchsichtlichkeit, la nueva opacidad. Más que nunca, nuestra experiencia diaria está mistificada: la modernización genera nuevos obscurantismos, la reducción de la libertad se presenta ante nosotros como la llegada a nuevas libertades. En estas circunstancias, uno debe tener especial cuidado para no confundir la ideología gobernante con la ideología que PARECE dominar. Más que nunca, uno debe tener presente el recordatorio de Walter Benjamín de que no basta con preguntarse cómo es que una cierta teoría (del arte) se declara a sí misma como legitima teniendo en cuenta las luchas sociales - uno también debe preguntarse cómo funciona eficazmente EN estas mismas luchas. En el sexo, la actitud hegemónica eficaz no es la represión patriarcal, sino la promiscuidad libre; en el arte, las provocaciones en el estilo de las conocidas exhibiciones "Sensation" SON la norma, el ejemplo del arte totalmente integrado en el establishment.

Por consiguiente, uno esta tentado a invertir la tesis XI de Marx. Hoy la primera tarea es precisamente no sucumbir a la tentación de actuar, de intervenir directamente y cambiar las cosas (qué nos conduciría entonces inevitablemente al final de un callejón sin salida, a una debilitadora imposibilidad: "¿qué puede uno hacer contra el capital global? "). Más bien, la tarea es cuestionar las coordenadas ideológicas hegemónicas, o, como Brecht lo puso en su Me Te, "Pensar es algo que precede a la acción y sigue a la experiencia." Si hoy uno sigue directamente el llamado para actuar, este acto no se realizará en un espacio vacío - será un acto dentro de las coordenadas de la hegemonía ideológica: aquellos que "realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente" se involucran en (indudablemente honorables) hazañas como el de los Medecins sans frontiere (Médicos sin frontera), Greenpeace, feministas y campañas anti-racistas, todas las cuales no son sólo toleradas, sino incluso apoyadas por los medios, aun cuando ellos entran aparentemente en el territorio económico (diciendo, denunciando y boicoteando a compañías que no respetan las condiciones ecológicas o qué usan mano de obra infantil). Ellos son tolerados y apoyados con tal de que se mantengan dentro de un cierto límite. Permítanme tomar dos temas predominantes de la academia radical americana de hoy: los estudios poscoloniales y los estudios queer (gay). El problema del poscolonialismo es indudablemente crucial; sin embargo, los "estudios poscoloniales" tienden a traducirlo todo a la problemática multiculturalista de las minorías colonizadas y su “derecho para narrar" su experiencia de víctimas, de los mecanismos de poder que reprimen la "diferencia", para que, al final del día, nosotros aprendemos que la raíz de la explotación poscolonial es nuestra intolerancia hacia el Otro, y, además, que esta intolerancia está arraigada en nuestra intolerancia hacia el "extraño en nosotros", en nuestra incapacidad para confrontar lo que nosotros reprimimos en y de nosotros. La lucha político-económica se transforma así imperceptiblemente en un drama pseudo-psicoanalítico del sujeto que es incapaz de confrontar sus traumas internos. La verdadera corrupción de la academia americana no es principalmente financiera, no sólo es que ellos puedan comprar a muchos intelectuales críticos europeos (incluido yo - hasta cierto punto), sino conceptual: imperceptiblemente se traducen nociones de la teoría crítica "europea" al benigno universo chic de los Estudios Culturales. Con respecto a estos radicales chic, el primer gesto hacia los ideólogos y practicantes de la “tercera vía”, esto debe ser una alabanza: por lo menos ellos juegan su juego de un modo recto, y es honrado en su aceptación de las coordenadas capitalistas globales, en contraste con los Izquierdistas académicos pseudo-radicales que adoptan hacia los ideólogos vulgares la actitud de desdén absoluto, mientras su propia radicalidad finalmente equivale a un gesto vacío que no obliga a ninguno de ellos a algo determinado.

"Lenin" no es para nosotros el nombre nostálgico para la vieja certeza dogmática; totalmente lo contrario, para ponerlo en términos de Kierkegaard, EL Lenin que nosotros queremos recuperar es el Lenin-in-becoming, el Lenin cuya experiencia fundamental era arrojar una nueva constelación dentro de la catástrofe, en la que las viejas coordenadas demostraban ser inútiles, y que así fue obligado a reinventar al marxismo - recordemos sus mordaces y oportunos comentarios a propósito de algún nuevo problema: "Sobre esto, Marx y Engels no dijeron una palabra." La idea no es retornar a Lenin, sino repetirlo en el sentido Kierkegaardiano: para recobrar el mismo impulso en la constelación de hoy. El retorno a Lenin no apunta nostálgicamente al renacimiento de los "viejos buenos tiempos revolucionarios", ni al ajuste oportunista-pragmático del viejo programa a las "nuevas condiciones", sino a repetir, en las presentes condiciones mundiales, el gesto Leninista de reinventar el proyecto revolucionario en las condiciones del imperialismo y el colonialismo, más precisamente: después del colapso político-ideológico de la larga era del progresismo en la catástrofe de 1914. Eric Hobsbawn definió el concepto de siglo XX como el tiempo entre 1914, el fin de la larga expansión pacífica del capitalismo, y 1990, la emergencia de la nueva forma de capitalismo global después del derrumbamiento del Socialismo Realmente Existente. Qué hizo Lenin con respecto a 1914, que nosotros debamos hacer con respecto a 1990. "Lenin" representa la libertad forzada para suspender la vieja y agotada existencia de las coordenadas (pos)ideológicas, el debilitante Denkverbot en que nosotros vivimos - simplemente significa que estamos autorizados para pensar de nuevo.

La posición de Lenin contra el economismo así como contra la política pura es crucial hoy, a propósito de la actitud hendida hacia la economía en (lo que queda de) los círculos radicales: de un lado, los antes mencionados "políticos" puros que abandonan la economía como sitio de lucha e intervención; por otro lado, los economistas, fascinados con el funcionando de la economía global de hoy, qué evitan cualquier posibilidad de una intervención política apropiado. Hoy, más que nunca, nosotros debemos retornar a Lenin: sí, la economía es un dominio importante, la batalla se decidirá allí, uno tiene que romper el hechizo del capitalismo global - pero la intervención debe ser propiamente política, no económica.

La batalla a ser luchada es así doble: primero, sí, anticapitalismo. Sin embargo, anticapitalismo sin problematizar la forma política capitalista (la democracia parlamentaria liberal) no es suficiente, no importa cuán "radical" sea. Quizás el señuelo hoy es la creencia de que uno puede minar al capitalismo sin problematizar efectivamente el legado liberal-democrático que - como algunos Izquierdistas afirman - aunque haya sido engendrado por el capitalismo, la autonomía adquirida puede servir para criticar al capitalismo. Este señuelo es estrictamente correlativo a su aparente contrario, la pseudo-deleuziana representación poética fascinante/fascinado de amor-odio del Capital como un monstruo/vampiro rizomatico que desterritorializa y traga a todos, indomable, dinámico, aumentando la vida del muerto, cada crisis lo hace más fuerte, Dionisos-Fénix renaciendo... Es en esta poética referencia (anti)capitalista de Marx que Marx es el realmente muerto: despojado de su aguijón político.

En todo esto, entonces, ¿dónde esta Lenin? Según la doxa predominante, en los años posteriores a la Revolución de octubre, la disminuida fe de Lenin en las capacidades creativas de las masas lo llevaron a enfatizar al papel de la ciencia y los científicos, con la confianza en la autoridad del experto: él aclamo "el principio de ese feliz tiempo cuando la política retrocederá al trasfondo... y los ingenieros y agrónomos tendrán la mayor parte de la palabra." ¿Tecnocracia pos-política? Las ideas de Lenin sobre cómo el camino que el socialismo tiene que recorrer pasa a través del terreno del capitalismo de monopolio pueden parecer gravemente ingenuas hoy:

<> (Lenin 1960-70, 26: 106)

¿No es ésta la expresión más radical de la noción de Marx del intelecto general que regula toda la vida social de una manera transparente, del mundo pos-político en el qué la "administración de las personas" será suplantada por la "administración de las cosas"? Es, por supuesto, fácil jugar contra esta cita la carta de la "crítica la razón instrumental" y el "mundo administrado (verwaltete Welt)": el potencial "totalitario" esta inscrito en esta misma forma de control social total. Es fácil comentar sarcásticamente cómo, en la época estalinista, el aparato de administración social se volvió efectivamente "aun más grande". No obstante, ¿esta visión pos-política no es acaso el opuesto extremo de la noción maoísta de la eternidad de la lucha de la clases ("todo es político")?

Sin embargo, ¿es todo tan inequívoco? ¿Y si uno reemplaza el ejemplo (obviamente anticuado) del banco central con la World Wide Web, el candidato perfecto actual para el papel del Intelecto General? Dorothy Sayers planteaba que la Poética de Aristóteles es efectivamente la teoría de la novelas de detectives avant la lettre - pero como el pobre de Aristóteles no conoció la novela de detectives, tenía que referirse a los únicos ejemplos a su disposición, las tragedias... Siguiendo las mismas líneas, Lenin estaba desarrollando efectivamente la teoría del papel de la World Wide Web, pero, como la WWW era desconocida para él, tenía que referirse a los infortunados bancos centrales. Por consiguiente, ¿podría decir uno que "sin la World Wide Web el socialismo sería imposible... nuestra tarea aquí es sencillamente amputar lo que mutila capitalistamente este excelente aparato, hacerlo aun más grande, aun más democrático, aun más abarcador"? En estas condiciones, uno se siente tentado a resucitar la vieja, abusiva y medio-olvidada, dialéctica marxiana de las fuerzas productivas y las relaciones de producción: ya es un lugar común afirmar que, irónicamente, fue esta misma dialéctica la que enterró al Socialismo Realmente Existente: El socialismo no pudo sostener el pasaje de la economía industrial a la economía pos-industrial. Sin embargo, ¿el capitalismo realmente proporciona el marco "natural" de las relaciones de producción para el universo digital? ¿No hay también un potencial explosivo para el mismo capitalismo en la World Wide Web? ¿No es precisamente la lección del monopolio de Microsoft una lección leninista: en lugar de combatir su monopolio a través del aparato estatal (recordemos la división de la corporación de Microsoft ordenada por la Corte), no sería más "lógico" simplemente socializarlo, haciéndolo accesible libremente?

El antagonismo importante de la llamada nueva industria (digital) es así: ¿cómo mantener la forma de propiedad (privada), que es la única forma en la que puede mantenerse la lógica de la ganancia (veamos también el problema de Napster, la circulación libre de música). ¿Y las complicaciones legales en la biogenética no apuntan hacia la misma dirección? El elemento clave de los nuevos acuerdos internacionales de comercio es la "protección de la propiedad intelectual": siempre que, en una fusión, una gran compañía del Primer Mundo toma a una compañía del Tercer Mundo, la primera cosa que ellos hacen es cerrar el departamento de investigación. (En Eslovenia-Henkel-Zlatorog, nuestra compañía tenía que firmar un acuerdo formal ¡para no hacer ninguna investigación!). Las Paradoja qué involucran a la noción de propiedad con las paradojas dialécticas son extraordinarias: en la India, las comunidades locales descubren de repente que las prácticas médicas y materiales que ellos han estado usando durante siglos son poseídos ahora por compañías norteamericanas, de manera que ahora deben comprárselas a ellos; con los compañías biogenéticas que patentizan genes, todos nosotros estamos descubriendo que partes de nosotros, nuestros componentes genéticos, ya son propiedad registrada, poseída por otros.

Hoy, ya no podemos discernir las señales de un tipo de malestar general - recordemos la serie de eventos normalmente agrupados bajo el nombre de "Seattle." Los 10 años de luna de miel del capitalismo global triunfante han terminado, la largamente-retrasada "comezón del séptimo año" ya está aquí - atestigüemos las reacciones de pánico de los grandes medios de comunicación, - desde la revista Time a CNN - de repente, todos empezaron a advertir sobre la existencia de marxistas que manipulan a la muchedumbre de manifestantes "honestos." El problema ahora es el estrictamente leninista - cómo actualizar las imputaciones de los medios de comunicación: cómo inventar la estructura organizacional que conferirá a esta inquietud la forma de una demanda política universal. De no ser así, el momento, la oportunidad se perderá, y lo que permanecerá será una perturbación marginal, quizás organizada como un nuevo Greenpeace, con cierta eficacia, pero también con metas estrictamente limitadas, con estrategias de marketing, etc. En otros términos, la lección "leninista" clave hoy es: política sin la forma organizacional de partido es política sin política, de modo que la respuesta para aquéllos que simplemente quieren los (atinadamente llamados) "Nuevos Movimientos sociales" es la misma respuesta de los jacobinos a los compromisarios girondinos: "Ustedes quiere la revolución sin revolución!" El obstáculo de hoy es que parece haber sólo dos caminos abiertos para el compromiso socio-político: o jugar el juego del sistema, comprometerse en una "larga marcha a través de las instituciones", o actuar en los nuevos movimientos sociales, desde el feminismo a través de la ecología al anti-racismo. Y, de nuevo, el límite de estos movimientos es que ellos no son políticos en el sentido del Universal Singular: ellos son "un movimientos contra un sólo problema", que carecen de la dimensión de la universalidad, es decir, no se relacionan con la totalidad social.

Aquí, el reproche de Lenin a los liberales es crucial: ellos sólo explotan el descontento de las clases trabajadoras para fortalecer su posición vis-à-vis frente a los conservadores, en lugar de identificarse con ese descontento hasta el final. ¿No es este el caso con los liberales de izquierda de hoy? Les gusta evocar el racismo, la ecología, los agravios a los obreros, etc., para anotar puntos sobre los conservadores sin poner en peligro el sistema. Recordemos cómo, en Seattle, el propio Bill Clinton se refirió diestramente a los manifestantes que estaban afuera, en las calles, recordándoles a los líderes reunidos dentro del palacio sitiado que ellos debían escuchar el mensaje de los manifestantes (el mensaje que, por supuesto, Clinton interpretó, fue privado de su aguijón subversivo atribuido a los extremistas peligrosos que introducen el caos y la violencia en la mayoría de los manifestantes pacíficos). Pasa lo mismo con los todos los Nuevos Movimientos Sociales, hasta con los Zapatistas en Chiapas: la política del sistema esta siempre lista para "escuchar sus demandas", privándolas de su aguijón político apropiado. El sistema es por la definición ecuménico, abierto, tolerante, preparado para "escuchar" a todos - aun cuando uno insista en sus propias demandas, ellos la privan de su aguijón político universal por la misma forma de la negociación. La verdadera Tercera Vía que nosotros tenemos que buscar es esta tercera vía entre la política parlamentaria institucionalizada y los nuevos movimientos sociales.

Repetir a Lenin es así aceptar que "Lenín está muerto"- que su solución particular falló, incluso falló monstruosamente, pero que había una chispa utópica que merece ser salvada. Repetir a Lenin significa que uno tiene que distinguir entre lo que Lenin hizo efectivamente y el campo de posibilidades que él abrió, la tensión entre lo que Lenin hizo efectivamente y otra dimensión, lo que estaba "en Lenin más que en el propio Lenin". Repetir a Lenin no es repetir lo que Lenin hizo sino lo que él no hizo, sus oportunidades erradas.







Referencias

-Hardt, Michael, y Antonio Negri. Empire. 2000. Cambridge,Mass.: Harvard University Press. (Hardt, Michael, y Antonio Negri. Imperio, Buenos Aires, 2002, ed. Paidós)

-Lenin, V.I. 1960-70. Collected Works. 45 vols. Moscow: Foreign Languages Publishing House.



Título Original: Have Michael Hardt and Antonio Negri Rewritten the Communist Manifesto For the Twenty-First Century?
Extraído de: Rethinking Marxism, Volume 13, Number 3/4 2001
http://www.egs.edu/faculty/zizek/zizek-have-michael-hardt-antonio-negri-communist-manifesto.html
http://www.lacan.com/zizek-empire.htm

INVITACIÓN

UNIVERSIDAD NACIONAL DE CORDOBA
FACULTAD DE PSICOLOGIA
Secretar�a de Extensi�n

Subsecretaria de Servicios a la Comunidad

CURSO DE EXTENSION



CINEADICTOS. DROGAS Y CINE
CONTENIDOS: El cine y las drogas son los �fen�menos de masas� del �ltimo siglo, en paralelo y con momentos convergentes. De estas convergencias y/o �encuentros� surgen las producciones donde ambos se resignifican en torno a una constelaci�n ide�logica que encubre/descubre las representaciones en juego. La droga, en tanto �flagelo�, es insumo de la elaboraci�n narrativa del cine moderno, causa y medio del conflicto y del drama que atraviesa a una sociedad toda.Los contenidos de este curso se organizan en funci�n del ordenamiento que brindan los films a proyectar. De esta manera, los t�tulos de dichos films se presentan a modo de �topicas� que organizan los ejes tem�ticos del curso. Los films a proyectar son: �Caracortada� de Brian De Palma. �La Naranja Mec�nica� de Stanley Kubrick. �Kids� de Larry Clark. �Pacto de amor� de David Cronenberg y �Mart�n H� de Adolfo Aristarain



OBJETIVOS:



� Brindar las herramientas conceptuales y metodol�gicas b�sicas para la indagaci�n y problematizaci�n de los fen�menos ideol�gicos impl�citos en las producciones cinematogr�ficas referidas a la problem�tica del abuso de drogas.

� Generar un espacio de debate y elaboraci�n colectiva de aproximaci�n cr�tica a las obras cinematogr�ficas que abordan la tem�tica del consumo de drogas.



DESTINATARIOS: Publico en general, estudiantes avanzados y graduados de la carrera de Psicolog�a y carreras de las Ciencias Sociales.

RESPONSABLE ACADEMICO: Lic. Prof. Ra�l �ngel G�mez
E-MAIL para consultas: gomez@psyche.unc.edu.ar


CARGA HORARIA: 20 horas

Fecha de iniciaci�n: 4 de octubre 2007

Fecha de finalizaci�n: 1 de noviembre 2007

D�a.: Jueves

Hora: .18 a 22 horas

Frecuencia: Semanal.

N� de encuentros. 5 (cinco)

ARANCEL:
Aranceles por curso completo: $40.
Aranceles discriminados: estudiantes, adscriptos, no docentes, docentes de la UNC : $30
Disponibilidad de beca: De acuerdo a la reglamentaci�n vigente.



INFORMES: Secretaria de Extensi�n de la Facultad de Psicolog�a de la UNC - Av. Enrique Barros esquina Enfermera Gordillo Ciudad Universitaria Te: 4334125.

E-mail: comunidad@psyche.unc.edu.ar

martes, 18 de septiembre de 2007

POEMAS ESCRITOS EN PANTUFLAS

El inicio se abre en las cuerdas

y desliza una temprana lengua

y se escribe en tu sangre.



(Sales de un cuento entre paisajes).


Abro mi suerte y no vivo

en las mangas de un viento.

Me desaparezco y soy la clave,

de un cuerpo que refuta el dominio

en los ademanes de la experiencia.


Te evades en los delantales

sembrados como puñales sobre arenas.

viernes, 31 de agosto de 2007

LA PUERTA

Por Francisco Gatto

La mujer regresó del entierro a las siete de la tarde. Apenas abrió la puerta de su departamento, se quitó los zapatos, el tapado y colgó la cartera en el espaldar de una silla.

Después fue hacia la heladera y sacó una botella de agua. Se sirvió un vaso hasta el borde y lo bebió todo. Hacía casi veinticuatro horas que estaba despierta, desde cuando recibió el llamado.

Se sentó en un sillón y miró a su alrededor. Un incipiente dolor de cabeza comenzaba a molestarla. Dudó entre ducharse ó recostarse a descansar. Se decidió por esto último. Fue hasta la cama y sin quitarse la ropa se tendió boca arriba. Cerró los ojos y en ese preciso momento sonó el timbre del departamento.

Se acercó a la puerta y observó por la mirilla. No vio nada. Preguntó quién era y no escuchó respuesta. Volvió a preguntar. Nadie respondió.

Volvió a la cama y antes de recostarse miró el reloj. El dolor de cabeza aumentaba lentamente. Se quitó la ropa y esta vez se dispuso a dormir.

Cuando logró conciliar el sueño sonó el timbre por segunda vez.

Encendió la luz, se levantó y fue hacia la puerta, descalza. Corrió la mirilla y solo vio la oscuridad del pasillo. Preguntó quién era.

Contempló los pasadores de la puerta. Tenía dos y estaban cerrados. Verificó la cerradura. También cerrada. Se quedó un rato parada, sin hacer nada, solo mirando la puerta. El dolor de cabeza seguía en aumento. Se sentía muy cansada. Antes de volver a acostarse decidió prepararse un té, pero cuando fue a la alacena se dio cuenta que la caja estaba vacía.

Entonces volvió a tomar agua y se acostó. Esta vez tardó en dormirse y cuando lo logró soñó con el velatorio y el entierro. El sueño fue largo y continuo, desde el principio hasta el desenlace. Las imágenes se le presentaban borrosas. La despertó nuevamente el timbre y se dio cuenta que durante el sueño había llorado. Encendió la luz y fue hacia la puerta.

Se paró frente a ella y trató de escuchar. El silencio era demasiado nítido; perfecto. Esta vez no preguntó quién era ni corrió la mirilla. Llevó una silla hasta la puerta, se sentó y se quedó un largo rato, mirando.

Después se levantó, se vistió con las mismas ropas que se puso para el entierro, fue al baño, se miró en el espejo y se peinó ligeramente. Aún tenía los ojos llorosos cuando volvió hacia la puerta. Se plantó frente a ella, corrió los pasadores, giró dos veces la llave, tomó el picaporte y mientras abría muy despacio, dijo serenamente:-Pase-.

viernes, 3 de agosto de 2007

“La violencia del rock argentino tiene que ver con la invasión de la cultura del fútbol en los recitales”


Para el periodista especializado en el mundo rocker, tragedias como la de Cromagnon son inevitables en un país en el que, a diferencia de otros, la violencia está instalada en el público. Asegura que, al igual que las actitudes poco tolerantes de los hinchas en una cancha, en estos espectáculos musicales “el que toma de más enseguida va a pelear con el del lado”.

Sergio Marchi estuvo en la Escuela de Ciencias de la Información de la UNC en el marco de la Semana del Comunicador, actividad llevada a cabo recientemente en la que el prestigioso periodista especialista en la cultura rock brindó una conferencia sobre la actualidad del género.

La lista de medios de comunicación por los que Marchi paseó su intelecto rocker incluye al diario Clarín, la revista Rolling Stones y la radio Rock and Pop, entre otros. Desde allí se dedicó a cultivar una trayectoria que corre en paralelo a los movimientos de este estilo musical, que le permitió asentar en su último libro la historia del rock nacional, su pulso en los tiempos que corren y los indicios que desembocaron en la tragedia de Cromagnon.

Con más de 23 años de carrera profesional en los entretelones de este tipo de música, analizó junto a Hoy al Universidad el porqué de la tragedia del 30 de diciembre de 2004 en el barrio de Once.

-¿Por qué tu libro se llama el rock perdido?
-Es una frase de un tema de Andrés Calamaro y resumía lo que yo quería decir sobre el rock, que en algún momento se perdió y dejó muchas cosas en el camino. Cuando me propusieron hacer el libro decidí decir lo que pensaba sobre la tragedia de Cromagnon, aunque no fuera lo mas político del mundo, yo no iba a decir “pobres chicos que han quedado desbastados por el sistema y los han llevado a una tragedia”. No, hay que decir las cosas como pasaron: hubo un loco del público con una bengala y si no pasaba esa noche, iba a pasar en otro momento.

-¿Por qué pensas que era inevitable que suceda algo así?
-Yo veía venir esta tragedia desde que la cultura futbolera apareció en los recitales, cuando el rock fue invadido con los códigos de la tribuna y se generalizó el imperio de la manada. Lo percibí claramente en los recitales de Los Redondos, en Villa María y Tandil, a mediados de los ’90. Hoy, si vas a un recital, tenés que someterte al apretujamiento, a los empujones. Además, no me parece que el rock sea una fiesta porque hay bengalas, alcohol y banderas; no creo en los códigos de una fiesta que impone los códigos. Porque puede haber todo eso y, a la vez, ser lo más triste del mundo. Cromagnon es eso: una tragedia, y lo peor que puede pasar es que no aprendamos nada.

-¿Esta actitud del público se puede relacionar con los procesos de violencia cada vez más comunes en nuestro país?
-Acá se ha generado una violencia muy especial. Yo vengo de Dinamarca, fui a Roskilde, el festival de rock más importante de Europa. Ahí murieron en 2000 nueve personas aplastadas contra el vallado, pero todos recapacitaron y se tomaron las medidas de seguridad. Lo que me llamó la atención de ese lugar es el público. Como acá, todos estaban borrachos, pero nadie molestaba al otro. En cambio en la Argentina, el que toma demás enseguida va a pelear con el del lado. Entonces, me di cuenta de que la violencia es del rock argentino y tiene que ver en gran parte con los códigos del fútbol.

-Con respecto a las catástrofes en los recitales en diferentes partes del mundo, ¿considerás que ocurrieron por las mismas causas que Cromagnon?
-No, porque lo que pasó acá tiene un acento cultural muy importante, el comportamiento de la gente en ese momento llevó a la tragedia.

-¿Cuál es la responsabilidad de Callejeros?
-Creo que son culpables. Ellos dicen que nunca ingresaron las bengalas pero dejaron hacer, jamás dijeron “córtenla con las bengalas, no nos gustan”. Además, parece que ellos las entraban con el flete y por eso no tocaban en teatros, aunque de esto no hay pruebas. Un conocido de mucha confianza, que trabajaba de seguridad en Obras para el show de Callejeros, me contó que una pareja con un nene de dos años intentó pasar las bengalas en la mochila de su hijo. Ahí comprendés que el sentido común ha sido totalmente desbastado y, con esos signos, qué duda cabe que una catástrofe iba a ocurrir tarde o temprano.

-¿Crees que el rock hizo una autocrítica por lo de Cromagnon?
-Hay un debate y eso es bueno, pero no hay conclusión clara. Lo único cierto es el tema de las bengalas, porque los músicos no las permiten en los recitales. Pero en el público todavía hay pibes que quieren prenderlas porque es el folcklore del rock. Si una banda tiene que hacer que la gente cante, agite banderas o prenda bengalas, es que no tiene mucho para decir y necesita ese poder del público para brillar.

-¿Callejeros debería volver a tocar?
-Sí, no sólo porque son músicos y tienen ese derecho que la Justicia no les quitó, sino porque me parece que si no los dejás tocar, creás un mito. Además, como dijo un psicólogo, muchos de los chicos que estuvieron en Cromagnon quizá necesiten ese duelo, poder ir a un recital y verlos hasta el final.

-¿Qué opinas sobre el nivel del rock argentino hoy?
-Creo que hay mucha mediocridad. Empezamos con un rock de muy alto nivel con Almendra o Los Gatos y se deterioró en los ‘90, cuando el concepto de hinchada cobró protagonismo en los recitales y los músicos en el escenario quisieron complacer al público en vez de procurar su propia satisfacción artística. A eso se suma la industria discográfica, que busca maximizar sus ganancias con un mismo producto. Así, si a una banda le va bien, hacen cinco cortes para la radio, editan un DVD, después realizan un disco en vivo, luego el show para adelantar los temas del disco, otro para presentar esos mismos temas y el recital de despedida. Si no hay creación nueva y las discográficas manejan los tiempos, no va a cambiar el rock, por lo menos de acá a unos años, excepto que aparezca un bocho, pero no creo.

Guevara, por Rodolfo Walsh


El presente texto fue extraído de una recopilación de artículos sobre el Che Guevara publicado por la Casa de las Américas en 1986.

Guevara, por Rodolfo Walsh ¿Por quién doblan las campanas? Doblan por nosotros. Me resulta imposible pensar en Guevara, desde esta lúgubre primavera de Buenos Aires, sin pensar en Hemingway, en Camilo, en Masetti, en Fabricio Ojeda, en toda esa maravillosa gente que era La Habana o pasaba por La Habana en el 59 y el 60. La nostalgia se codifica en un rosario de muertos y da un poco de vergüenza estar aquí sentado frente a una máquina de escribir, aun sabiendo que eso también es una especie de fatalidad aun si uno pudiera consolarse con la idea de que es una fatalidad que sirve para algo.

Lo veo a Camilo, una mañana de domingo, volando bajo en un helicóptero sobre la playa de Coney Island, asomándose muerto de risa y la muchedumbre que gozaba con él desde abajo. Lo oigo al viejo Hemingway, en el aeropuerto de Rancho Boyeros, decir esas palabras penúltimas: "Vamos a ganar, nosotros los cubanos vamos a ganar". Y ante mi sorpresa: "I´m not a yankee, you know".

Interminablemente veo a Masetti en las madrugadas de Prensa Latina, cuando ya se tomaba mate y se escuchaba unos tangos, pero el asunto que volvía era el de esa revolución tan necesaria, aunque hoy se presenta tan dura, tan vestida con la sangre de la gente que uno admirado simplemente quiso.

Nunca sabíamos en Prensa Latina, cuándo iba a venir el Che, simplemente caía sin anunciarse, y la única señal de su presencia en el edificio eran dos guajiritos con el glorioso uniforme de la sierra, uno se estacionaba junto al ascensor, otro ante la oficina de Masetti, metralleta al brazo. No sé exactamente por qué daban la impresión de que se harían matar por Guevara, y cuando eso ocurriera no sería fácil.

Muchos tuvieron más suerte que yo, conversaron largamente con Guevara. Aunque no era imposible ni siquiera difícil yo me limite a escucharlo, dos o tres veces, cuando hablaba con Masetti. Había preguntas por hacer pero no daban ganas de interrumpir o quizá las preguntas quedaban contestadas antes de que uno las hiciera. Sentía lo que él cuenta que sintió al ver por única vez a Frank País: sólo podría precisar en este momento que sus ojos mostraban enseguida el hombre poseído por una causa y que ese hombre era un ser superior. Yo leía sus artículos en Verde Olivo, lo escuchaba por TV: Parecía suficiente, porque Che Cuevara era un hombre sin desdoblamiento. Sus escritos hablaban con su voz, y su voz era la misma en el papel o entre dos mates en aquella oficina del Retiro Médico.

Creo que los habaneros tardaron un poco en acostumbrarse a él, su humor frío y seco, tan porteño, debía caerles como un chubasco. Cuando lo entendieron, era uno de los hombres más queridos de Cuba.

De aquel humor se hacia la primera víctima. Que yo recuerde, ningún jefe de ejército, ningún general, ningún héroe se ha descrito a sí mismo huyendo en dos oportunidades. Del combate de Bueycito, donde se le trabo la ametralladora frente a un soldado enemigo que lo tiroteaba desde cerca, dice: "mi participación en aquel combate fue escasa y nada heroica, pues los pocos tiros los enfrenté con la parte posterior del cuerpo". Y refiriéndose a la sorpresa de Altos de Espinosa: "no hice nada más que una retirada estratégica a toda velocidad en aquel encuentro". Exageraba él estas cosas, cuando todos sabían que acaba de recordar Fidel, que lo difícil era sacarlo del lugar donde hubiera más peligro. Dominaba su vanidad como el asma.

En esa renuncia a las últimas pasiones, estaba el germen del hombre nuevo que hablaba.

Guevara no se proponía como un héroe: en todo caso, podía ser un héroe a la altura de todos. Pero esto, claro, no era cierto para los demás. Su altura era anonadante: resulta más fácil a veces desistir que seguirlo, y lo mismo ocurría con Fidel y la gente de la Sierra. Esta exigencia podía ponernos en crisis, y esa crisis tiene ahora su forma definitiva, tras los episodios de Bolivia.

Dicho más simplemente: nos cuesta a muchos eludir la vergüenza, no de estar vivos porque no es el deseo de la muerte, es su contrario, la fuerza de la revolución, sino de que Guevara haya muerto con tan pocos alrededor. Por supuesto, no sabíamos, oficialmente no sabíamos nada, pero algunos sospechábamos, temíamos. Fuimos lentos, ¿culpables? Inútil ya discutir la cosa, pero ese sentimiento que digo está, al menos para mí y tal vez sea un nuevo punto de partida.

El agente de la CIA que según la agencia Reuter codeó y panceó a cien periodistas que en Valle Grande pretendían ver el cadáver, dijo una frase en inglés: "awright, get the hell out of here".

Esta frase con su sello, su impronta, su marca criminal, queda propuesta para la historia. Y su necesaria réplica: alguien tarde o temprano se irá al carajo de este continente. No serán los que nacieron en él. No será la memoria del Che.

Que ahora está desparramado en cien ciudades
entregado al camino de quienes no lo conocieron

Buenos Aires, octubre de 1967.